Y poder acercarme, sin que las piernas tiemblen, el corazón se acelere y mi voz se corte... Saberme digno de tí y que me puedas dar un sí, dejar de temer para poderme acercar a tí. Son los sueñosy esperanzas que de depositan en un ser que a la postre puede desaparecer, que es tan real como solo los sueños son, que aunque uno los desee con gran ahinco, pueden no llegar a pasar de ser lo que ya son. ¡Simple ilusión!. Pero se es humano y los deseos siempre van a llenar la mente, esperando se conviertan en esperanza y más adelante en realidad. ¿Qué hay de malo en soñar despierto? Cuando el sueño es más que real, cuando está ahí y no sabes que hacer para tomarlo y hacerlo tuyo, que hacer si ya sabes que estas despierto y solo falta alzar la voz y esperar que ya todo sea material, que se quede y por fin dejes de soñar, para vivir la realidad.
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Y el sentimiento más doloroso para ella era el saber que después de tantos años de entrega y de amor incondicional él se veía con otra. Así, otra mujer que no era ella, alguien que solo se dedicaba a robarle a aquel hombre con el que había pasado tantos años de su vida, el jóven con el que una vez se casó y formó una familia ahora era un desconocido para ella. Ese dolor que se siente tan profundo en el pecho y el frio que te recorré todo el cuerpo lo sintió al saber que él -¡maldito él!- se veía con otra. ¿más jóven?, ¿más linda? -quizá- pero el hecho era ese, que él decidió dejarse seducir por otra mujer, sabiendo que en casa había una mujer, la misma que desde hacia veinticinco años lo esperaba, cuidaba, preparaba alimetnos y le era su más fiel esposa. El sentimiento que le aqueja es de los más grandes jamás sufridos. Sentirse engañada y lastimada.
La pregunta ahora era si en verdad era eso lo que quería, en ocasiones quería hacerlo sin preocuparse de nada y dejar que las cosas simplemente sucedieran dejandole las razones y motivos a la vida. Pero había otros momentos en que le preocupaba todo y consideraba que nada era viable y que si las cosas eran así, era por que así es que tenían que ser y no de otra forma y que el hecho de tratar de cambiar algo, lo más mínimo, podría acarrear circunstancias poco favorables y nada buenas. Al final solo es cuestión de melancolía y miedo a algo indeterminado. Tan indeterminado como la vida misma "La vida a veces dá mucho miedo" y otras nos brinda tanto alegrías como males, pero algo es cierto y eso es que TERMINA.
“Hola, solo escribo para saber cómo estás y… bueno… para decirte que te extraño mucho. Fue mi error, sí. Mío. El haberte dejado. Me porté mal contigo, y ahora sé que no te lo merecías. Lo siento. Lo siento enormemente.” Así comenzaba aquella carta. Venía de alguien a quien Laura creía olvidado. Al principio, su lectura le provocó una punzada de rencor. Pero a medida que avanzaba entre las líneas —tímidas, heridas, dolidas—, algo se removía dentro de ella. A pesar de todo lo que él le hizo pasar, también había sido alguien importante. Un cosquilleo suave se le instaló en el pecho, como si el pasado susurrara desde el fondo. Pasaron los días, y más cartas comenzaron a llegar. Siempre del mismo remitente: ese hombre que una vez fue su todo. “Mi intención nunca fue lastimarte, pero lo hice. Y lo lamento.” Laura no respondió ninguna. No sabía cómo. Al principio, las rompía tras leerlas, como si quisiera negarle el poder de afectarla. Pero un día, sin saber por qué, guardó una. Luego otra. Y...
Para cuando el nuevo día comenzó él despertaba con la falsa idea de que ella se quedaría, se levantó y miro las maletas en la puerta -¡amor puedes subir las maletas al auto!- le grito desde la ducha, Sí era una realidad ella se iba, sin embargo algo en él aún no despertaba pues aun no comprendía bien el hecho de la partida. Por la tarde una vez registrada en el avión fueron a comer y a esperar a que la llamaran para abordar - ¿A qué hora sale tu avión- preguntó al tiempo en que daba un sorbo a su taza con café - En media hora- dijo ella mirandolo a los ojos. Y él seguía sin comprender que ya, muy pronto, ella se iría Al dar las cuatro se levantaron de su mesa y caminaron hacia la sala de abordar, él llevaba las maletas, ella sus boletos. Todo parcía muy normal, y él seguía tranquilo. - Bueno pues creo que es momento, ¿no me vas a decir nada? - Bien sabes que no soy bueno para las despedidas. - Podrías abrazarme. Ese fue el abrazo más largo que jamás h...
Harta ya de las mismas cosas, de las mentiras y de los engaños, ¿qué se creía ese, qué la podía engañar? ¡jamás!. Por un instante creyó, pensó que tal vez si le daba esa oportunidad, algo -aunque mínimo- sería diferente y que podría funcionar, pero no, él jamás cambiaría su forma de ser siempre será la misma. Un patan e hipócrita que dice estar enamorado para luego irse con la misma con la que supuetsamente tantas veces la dañado, aquella última vez le dijo sería la última ¿cumplió? No, seguían viéndose. Imposible creer en el amor de esa forma, imposible querer y dejarse querer. Sin embargo, esta misma noche ella conoció a alguién. ¿será distinto? o solo alguien más que ni siquiera en ella se fijará...