—Espera, yo también bajo —dijo la voz de la espalda. Ella iba a entrar. Finalmente, la tendría frente a él, como tantas veces había soñado. — No estoy preparado —pensó angustiado. La puerta se abrió. Y ahí estaban los dos. —Gracias por esperar. Por un momento creí que me quedaba sola… y sin dedos —rió, aligerando la tensión. —De nada. Pensé que era el último en salir. —No, de hecho, siempre salimos más o menos a la misma hora… pero no sé cómo le haces, ¡nunca te alcanzo! —¿En serio? —Sí. Es más, siempre había querido conversar contigo. Me pareces tan interesante... además de que, claro, compartimos el mismo horario de mierda. —¿¿Interesante yo?? —Vamos, seguro no soy la primera que te lo dice. —Pues… no sé. Digo, yo no me considero interesante, ni nada parecido. El ascensor anunció, con una luz y un leve sonido, que habían llegado a la planta baja. Era momento de salir. —Bueno, pues, joven modesto, me despido. Espero que mañana me esperes en el ascensor, ¿sí? Así bajamos juntos. ¿...
Comentarios