Click. (El sonido seco del obturador) —¡Listo! —Oh... qué linda foto. —¡Gracias! —En verdad, es una grandiosa toma. —Muchas gracias, la verdad es que soy nueva en esto. —Pues no lo parece. —¿En serio? ¿Usted cree? —Sí. He tomado muchas fotos, y sin embargo, la suya supera por mucho a las mías. —Vaya... no sé qué decir. —No tiene por qué. (Se sonroja y ríe) —¿Gusta tomar un café? —Me encantaría. —Y dígame... ¿es usted nueva por aquí? Nunca la había visto. Créame, de haberlo hecho, no la olvidaría. —Mmm... sí (ríe) , soy nueva. Recién llegué. —Entonces necesitará un guía. —Oh, qué amable... pero, ¿sabe?... no pienso quedarme mucho. —¿Cómo? ¿Acaso no le gusta nuestro pueblo? —Sí, sí me gusta. Es un pueblo encantador. Pero sucede que sólo estaré unos días… Solo vine a tomar unas fotografías. Usted sabe, recuerdos que quiero conservar. —¿Recuerdos de qué? ¿No es usted nueva por aquí? —Bueno, sí... ahora lo soy. Pero años atrás no lo fui. —¿Perdón? —¡Sí! Mire, mire aquí, en ...
—Espera, yo también bajo —dijo la voz de la espalda. Ella iba a entrar. Finalmente, la tendría frente a él, como tantas veces había soñado. — No estoy preparado —pensó angustiado. La puerta se abrió. Y ahí estaban los dos. —Gracias por esperar. Por un momento creí que me quedaba sola… y sin dedos —rió, aligerando la tensión. —De nada. Pensé que era el último en salir. —No, de hecho, siempre salimos más o menos a la misma hora… pero no sé cómo le haces, ¡nunca te alcanzo! —¿En serio? —Sí. Es más, siempre había querido conversar contigo. Me pareces tan interesante... además de que, claro, compartimos el mismo horario de mierda. —¿¿Interesante yo?? —Vamos, seguro no soy la primera que te lo dice. —Pues… no sé. Digo, yo no me considero interesante, ni nada parecido. El ascensor anunció, con una luz y un leve sonido, que habían llegado a la planta baja. Era momento de salir. —Bueno, pues, joven modesto, me despido. Espero que mañana me esperes en el ascensor, ¿sí? Así bajamos juntos. ¿...
El secreto del amor es que, a veces, es tan simple que se vuelve complejo. Su naturaleza —como si tuviera voluntad propia— es la de la complejidad. Porque si fuera realmente simple, quienes lo encontraran jamás se sentirían afortunados. El amor, entonces, no solo se vive... también se descifra.
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