No lo recuerdas, pero hubo una vez
en la que la ilusión por los Reyes Magos
la tuve yo.
Sin embargo, desde el día en que nació,
también terminó.
No porque se apagara la magia,
sino porque fue arrebatada.
Dejó de ser espera y deseo propio
y se volvió algo ajeno, impedido.
Ese día aprendí que, aunque las ilusiones mueren,
con ellas nace el deseo
de seguir creyendo
por alguien más.
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