Silencio

Eso es lo que se escucha cuando todo calla.

No hay más ruido que la ausencia

y el grito sordo de la soledad.


Un silencio que no llega de golpe,

sino que se acerca despacio,

como quien no quiere asustar,

hasta que termina abrazando

y cubre todo el espacio.


Entonces te quedas ahí,

reducido a un punto mínimo,

a un rincón que aún respira.


Inhalas.

Esperas.


Esperas que el sonido regrese,

no por necesidad de ruido,

sino para que este silencio deje de doler,

para que el eco de algo —lo que sea—

rompa la presión del vacío

y puedas volver a escuchar

algo que te recuerde

que sigues aquí.


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