Todo sea por una señal
Entiendo la complicación.
Entiendo que no puedo pedir, ni estoy en posición de esperar, algo que no puedo ofrecer.
Sé que hay silencios que no se reclaman
y distancias que no se cruzan sin romper algo más.
Y aun con esa conciencia, la tristeza no pide permiso.
Llega despacio, se instala en los momentos más simples
y que pronuncie tu nombre como si al hacerlo pudiera alcanzarte.
Me descubro preguntando por ti en pensamientos que no confieso.
Porque basta una sola para desordenarme el pulso,
para que el corazón, cansado de la espera,
recuerde cómo es latir con esperanza,
como si despertar de nuevo todavía fuera posible.
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