Aniversario

Regreso al pasado de mis recuerdos
y me veo ahí, junto al comedor.

Te tengo en mis brazos
y sé —con una certeza que duele—
que es la última vez que te veré.

No hay despedida,
solo ese instante suspendido
donde todo se quiebra sin ruido.

Despierto.

Y el cuerpo tarda en entender que ya no estás,
que fue un sueño,
o quizá una forma de la memoria
de recordarme lo que falta.

Te imagino con esa nostalgia que no pregunta,
que no exige respuestas ni consuelos,
que simplemente pesa.

Me pregunto si algún día volveré a encontrarte
o si quedarás detenida en ese lugar impreciso
donde habitan los recuerdos que van y vienen,
como una marea que nunca termina de irse
y que siempre regresa con la misma fuerza.

Son trece más.
Para ti son trece.
Para mí, trece que resto uno a uno de la cuenta sin verte,
trece años, trece ausencias, trece silencios acumulados
que aprendo a cargar sin saber muy bien cómo.

A veces creo que el tiempo es solo una forma distinta de nombrar la distancia. Me aferro a los detalles mínimos, como si en ellos pudiera salvarte. Aún guardo tu risa intacta en algún rincón que nadie toca.
Nadie sabe que hay días en que vuelvo a ese comedor y me quedo ahí. Dejo que el recuerdo me atraviese sin defenderme. Así, en silencio, te nombro sin decir tu nombre.

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