—¿Por qué me besas? —Porque quiero. —Eres un patán. —Y tú... una quejumbrosa.
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La pregunta ahora era si en verdad era eso lo que quería, en ocasiones quería hacerlo sin preocuparse de nada y dejar que las cosas simplemente sucedieran dejandole las razones y motivos a la vida. Pero había otros momentos en que le preocupaba todo y consideraba que nada era viable y que si las cosas eran así, era por que así es que tenían que ser y no de otra forma y que el hecho de tratar de cambiar algo, lo más mínimo, podría acarrear circunstancias poco favorables y nada buenas. Al final solo es cuestión de melancolía y miedo a algo indeterminado. Tan indeterminado como la vida misma "La vida a veces dá mucho miedo" y otras nos brinda tanto alegrías como males, pero algo es cierto y eso es que TERMINA.
“Hola, solo escribo para saber cómo estás y… bueno… para decirte que te extraño mucho. Fue mi error, sí. Mío. El haberte dejado. Me porté mal contigo, y ahora sé que no te lo merecías. Lo siento. Lo siento enormemente.” Así comenzaba aquella carta. Venía de alguien a quien Laura creía olvidado. Al principio, su lectura le provocó una punzada de rencor. Pero a medida que avanzaba entre las líneas —tímidas, heridas, dolidas—, algo se removía dentro de ella. A pesar de todo lo que él le hizo pasar, también había sido alguien importante. Un cosquilleo suave se le instaló en el pecho, como si el pasado susurrara desde el fondo. Pasaron los días, y más cartas comenzaron a llegar. Siempre del mismo remitente: ese hombre que una vez fue su todo. “Mi intención nunca fue lastimarte, pero lo hice. Y lo lamento.” Laura no respondió ninguna. No sabía cómo. Al principio, las rompía tras leerlas, como si quisiera negarle el poder de afectarla. Pero un día, sin saber por qué, guardó una. Luego otra. Y...
Para cuando el nuevo día comenzó él despertaba con la falsa idea de que ella se quedaría, se levantó y miro las maletas en la puerta -¡amor puedes subir las maletas al auto!- le grito desde la ducha, Sí era una realidad ella se iba, sin embargo algo en él aún no despertaba pues aun no comprendía bien el hecho de la partida. Por la tarde una vez registrada en el avión fueron a comer y a esperar a que la llamaran para abordar - ¿A qué hora sale tu avión- preguntó al tiempo en que daba un sorbo a su taza con café - En media hora- dijo ella mirandolo a los ojos. Y él seguía sin comprender que ya, muy pronto, ella se iría Al dar las cuatro se levantaron de su mesa y caminaron hacia la sala de abordar, él llevaba las maletas, ella sus boletos. Todo parcía muy normal, y él seguía tranquilo. - Bueno pues creo que es momento, ¿no me vas a decir nada? - Bien sabes que no soy bueno para las despedidas. - Podrías abrazarme. Ese fue el abrazo más largo que jamás h...
Harta ya de las mismas cosas, de las mentiras y de los engaños, ¿qué se creía ese, qué la podía engañar? ¡jamás!. Por un instante creyó, pensó que tal vez si le daba esa oportunidad, algo -aunque mínimo- sería diferente y que podría funcionar, pero no, él jamás cambiaría su forma de ser siempre será la misma. Un patan e hipócrita que dice estar enamorado para luego irse con la misma con la que supuetsamente tantas veces la dañado, aquella última vez le dijo sería la última ¿cumplió? No, seguían viéndose. Imposible creer en el amor de esa forma, imposible querer y dejarse querer. Sin embargo, esta misma noche ella conoció a alguién. ¿será distinto? o solo alguien más que ni siquiera en ella se fijará...
Es que muchas veces elevamos tanto nuestras ideas, nuestras expectativas, que cuando las cosas no suceden como las imaginamos, nos frustramos, nos enojamos… y mandamos todo a la chingada. Pero no debería ser así. Porque aunque en esta vida partimos desde la singularidad —desde el "yo" como base primordial—, todas nuestras relaciones implican inevitablemente la pluralidad : el encuentro con otros "yo", con otras realidades tan válidas y complejas como la nuestra. Y ahí está el conflicto: creemos que lo que pensamos, lo que sentimos, lo que esperamos... también lo hará el otro. Pero no. El otro también es singular. También piensa, sueña y espera… desde su propia historia, desde su propio ángulo. Entonces, ¿por qué nos enojamos cuando el otro no actúa como habíamos supuesto? No es justo exigirle al otro que cumpla con las películas que solo nosotros vimos. No es sano pelear con el mundo por no alinearse con nuestras proyecciones. Lo más sabio sería reconocer que hay...