Naciste en un mes que el mundo reconoce como el del amor, y no fue coincidencia… porque desde antes de conocerte, tu mamá ya te amaba con una fuerza que solo se aprende en la espera.
Durante meses fuiste un sueño constante, una ilusión que crecía en silencio, un latido que acompañaba cada uno de sus días. Te pensó mil veces, te imaginó en cada detalle, te habló aún sin tenerte en sus brazos, y te cuidó incluso antes de poder mirarte a los ojos. Desde entonces, ya eras su mundo.
Y entonces llegó ese viernes… el día en que decidiste venir a este lugar, a cambiarlo todo. Con tu primer suspiro, el tiempo se detuvo un instante y luego volvió a empezar, pero diferente. Más lleno, más profundo, más verdadero.
No solo naciste tú. Ese día también nació una nueva versión de tu mamá: más fuerte, más valiente, más llena de amor del que alguna vez pensó posible. Un amor que no descansa, que no se mide, que no se agota. Un amor que crece contigo, que te abraza incluso cuando no estás cerca y que siempre va a encontrarte, sin importar el camino.
Eres la respuesta a tantas esperas, el abrazo que aún no existía pero ya hacía falta, la luz que llegó a encenderlo todo. En tus ojos comienza una historia nueva, y en cada paso que des, tu mamá estará ahí, sosteniéndote, guiándote, amándote de formas que las palabras nunca alcanzarán a explicar.
Que nunca olvides esto: llegaste siendo profundamente amada, deseada y esperada. Llegaste para transformar, para iluminar, para darle un nuevo sentido a todo lo que ya existía.
Y desde ese 20 de febrero, el mundo de tu mamá ya no gira igual… ahora gira contigo en el centro.
Comentarios