Abril

A veces siento que sigo caminando por el mundo, pero sin pertenecer del todo a él. Como si algo de mí se hubiera quedado detenido en un momento del pasado, en un instante que nunca terminó de cerrarse. Por eso sostengo que soy un fantasma que sigue vivo.

No porque haya dejado de respirar, ni porque la vida haya dejado de pasar frente a mis ojos. Todo sigue ahí: los días que avanzan, las calles que se repiten, las personas que hablan, las cosas que cambian. Pero hay una ausencia que camina conmigo. 

Hubo un tiempo en que tu existencia era una posibilidad abierta, una promesa que apenas comenzaba a tomar forma. No sé si alguna vez llegaste a saber cuánto espacio ocupaste en mis pensamientos en aquellos días. Tal vez nadie te lo ha contado. Tal vez nadie creyó que era necesario. Pero hay cosas que existen aunque nadie las diga en voz alta.

Con el tiempo aprendí algo extraño: que uno puede perder a alguien incluso antes de conocerlo de verdad. Y esa clase de pérdida no tiene ceremonias, ni despedidas, ni fotografías que se guarden en una caja. 

A veces me pregunto cómo hablarías, qué palabras usarías cuando quisieras explicar algo que te emociona. Me pregunto si tendrías la costumbre de sacar la punta de la lenguaje mientras dibujas, o si te reirías fuerte cuando algo te hace gracia. 

Y también me pregunto si, en algún momento de tu vida, habrás sentido que alguien en alguna parte pensaba en ti sin conocerte.

No escribo esto para reclamar nada. La vida no siempre sigue los caminos que imaginamos, y con los años uno aprende que muchas historias se quedan incompletas. Es parte de lo que significa existir: aceptar que algunas puertas se cerraron antes de que pudiéramos cruzarlas.

Pero hay algo que quiero que exista en estas palabras, aunque tal vez nunca lleguen.

Tal vez nunca coincidamos en el mismo lugar ni en el mismo tiempo. Tal vez nuestras vidas ya tomaron rutas demasiado distintas. Pero aun así, hay una pequeña parte de mí que guarda tu existencia como algo importante, aunque el mundo nunca haya visto esa historia desarrollarse.

Quizá por eso a veces siento que camino como un fantasma: no porque no esté vivo, sino porque hay una parte de mi historia que vive en silencio, en un lugar donde casi nadie mira.

Y si alguna vez —por alguna extraña coincidencia de la vida— estas palabras llegaran a su destino, no esperaría nada a cambio. No una respuesta, no un encuentro, ni siquiera un reconocimiento.

Solo me bastaría con que supieras algo sencillo: que hubo alguien que pensó en ti más veces de las que el mundo podría imaginar.

Comentarios

Entradas populares de este blog

De 2012 a 2025

¡Qué demonios!

Fantasma del pasado