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Premio

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Mis más sinceros agradecimientos a  Lena y a Fer por este premio , Leerlas me lleva a nuevas sensaciones que, gustoso, tras cada línea disfruto . La lectura es un pasaje, una delicia que nos invade tras cada letra; una seguida de la otra, cada escrito es capaz de hacernos sentir, de transmitirnos esa pasión, esa fuerza, ese entusiasmo o tristeza con que se crea. ¡Núnca dejen de escribir! 

Al final, ¿qué es lo que queda?

-una pizca de nosotros mismos-

Empezar... ¿Para qué?

El que jamás trata siquiera de encontrar lo que busca entonces por obvias razones jamás lo encontrará, y en el mismo sentido el que teme por lo que no llega vivirá ese temor sin siquiera saber si duele. Las cosas solo se vivirán una sola vez, ergo, aquel sentimiento lo sentirás una sola vez y nunca regresará -cambia el contexto del mismo- así que si no sufres no conocerás el dolor pero para que algo duela debió haber tenido un sentimiento previo que te llevo a la alegría, así que la alegría y el dolor van de la mano, solo tú decides que vale más, la agonía ínfima que durará tanto como quieras (y que te dará madurez y experiencia) o esa alegría que se albergará para siempre en tí como recuerdo. Las personas siempre están de hecho ninguna se va, simplemente cambian las unas por las otras ¿Quién se queda y quién se va? eso es efímero. El mundo que descubras, si es lo que realmente quieres, con lleva ciertos "riesgos" triunfar y fracasar -y como dije antes para triunfar hay ...

Tú y yo nunca nos encontraremos...

Cuando por fin encuentras aquello que buscabas — eso que esperaste toda una vida, eso que anhelabas con cada suspiro, ¿te da miedo? No. Claro que no. Pero entonces... ¿qué es lo que sucede? ¿Por qué no puedes ser feliz? Quizá porque, en el fondo, ni siquiera sabes qué es la felicidad. La has convertido en un ideal, una meta siempre distante. Y cuando por fin la tienes delante, no la reconoces. Porque la felicidad ha estado ahí. Siempre. Silenciosa. Constante. Pero el ser humano codicia más, quiere más, mira más allá, se obsesiona con lo que aún no tiene y, en esa necedad, se hunde en la amargura. Y lo que siempre quiso, cuando finalmente lo tiene al frente, se convierte en otra carga, en otra duda, en otra insatisfacción. Porque lo simple no le basta. Porque su avaricia lo condena. Entonces dime: ¿Ahora que lo tienes...? ¿Cuánto te durará? ¿Cuánto lo apreciarás...? ¿Lo aceptarás?

A la expectativa.

El secreto del amor es que, a veces, es tan simple que se vuelve complejo. Su naturaleza —como si tuviera voluntad propia— es la de la complejidad. Porque si fuera realmente simple, quienes lo encontraran jamás se sentirían afortunados. El amor, entonces, no solo se vive... también se descifra.

Gerardo.

Gerardo llegaba a clase con el mismo fastidio de siempre. No soportaba a la maestra ni sus comentarios sarcásticos. Con paso lento, caminaba por el pasillo, rogando que algo —una alarma, un accidente, lo que fuera— lo detuviera. Pero no, nunca pasaba nada. Siempre llegaba sin contratiempos. Y siempre, al llegar a la puerta, repetía con resignación: —Este será mi último día. Pero nunca lo era. Hasta que una tarde, al entrar, algo había cambiado: La vieja maestra ya no estaba. En su lugar, una mujer joven, de sonrisa amable y mirada brillante, escribía su nombre en el pizarrón. —¿Qué pasó con la otra maestra? —preguntó Gerardo. —Ya no volverá. A partir de hoy, yo estaré a cargo —respondió ella sin más. Con el tiempo, Gerardo notó que algo en él cambiaba. Se reía más, hablaba más, sus bromas parecían tener un solo destinatario. Y lo mejor: ella también reía. No era solo su imaginación. Sus compañeros lo comentaban: “La maestra te trata diferente”. Entonces, cansado del juego sutil, del co...

Dolor

¿ Aquel sentimiento dentro de su pecho que era? Parecido al dolor, con un tinte de amargura y una sujeción en la garganta que se hacia presente a cada trago era lo que sentía que lo sofocaba. La soledad jamás se había sentido tan álgida, y aquella música lo único que lograba era asentuar más ese hecho. En un mundo lleno de personas, él sentía que jamás podría llegar a congeniar con nadie y que la felicidad -de existir- era algo que tan solo se mostraba superficialmente mediante una sonrisa. En la noche ese tipo de pensamientos lo abordaban, no sabía que hacer de su vida, ni que es lo que ésta misma, le depararía. En ocasiones pensaba que lo que llegara estaría bien y que lo aceptaría, pero inmediatamente después las dudas lo abordaban y comenzaba a sentir el peso del mundo -¿Qué, si muero?- se preguntaba. Concebir su propia inexistencia le causaba un temor demasiado insondable del que no salía si no hasta quedarse dormido. Al amanecer entre la calidez de los rayos de sol que come...